Wednesday 2 june 3 02 /06 /Jun 01:02

La circunstancia tan sugestiva del título nos obliga a recordar el origen de la palabra ensayo. En su sentido primitivo presagia la incompletez, el hacer una prueba, intentar o más bien tentar como lo sugiere Chesterton -con su acostumbrado tono irónico- en su ensayo titulado "Sobre el ensayo", donde a la vez compara este género con una serpiente que es tenativaen todos los sentidos de la palabra. "El tentador está siempre tentando su camino", nos dice el ensayista inglés. Y este engañoso aire de irresponsalibilidad hace que nosotros también estemos tentados por la serpiente, y debamos aclarar que de igual modo estamos ensayando aquí un posible camino de estudiar el ensayo como una de las formas más importantes de la literatura y sobre todo, del pensamiento venezolano.
Son necesarias algunas consideraciones preliminares acerca del género, pues aunque muchos tratan de buscarle alguna definición, alguna frontera o especificación, pareciera ser el ensayo una una forma de expresión que no tiene ni límites ni definición precisa. Shipley es su Diccionario de literatura afirma que "nunca se ha determinado con exactitud en qué consiste el ensayo". En efecto, el ensayo es camaleónico, tiende a adoptar la forma que le convenga. Flexible, subjetivo, de naturaleza interpretativa, reflexiva y donde existe muy especialemente la participación del lector, acepta cualquier recurso literario e inclusive cualquier tema de las múltuples e infinitas vetas del conocimiento humano. Dice Montaigne hacia 1580, (que por cierto fue quién por primera vez usó la palabra Essais en su acepción moderna): "Tomo al azar cualquier tema que se me presenta. Todos me son igualmente buenos... Penetro en él, no con amplitud sino con la mayor profundidad que puedo...".

 

De ahí que en el ensayo todo depende del enfoque, no del tema, pues es el autor con su perspicacia, su talento y estilo quien crea el interés del tema. Por eso es lícito llamar al ensayo "prosa de ideas", a veces poema en prosa, pues las idea contenidas deben así transfigurarse en imágenes, visiones, vivencias para trascender e igualmente diferenciarse del artículo, tratado, crónica o una monografía. En tal sentido el ensayo es literatura aun cuando su tema no sea literario.

 

Y evidentemente ésta así llamada "reflexión original", ha sido en Hispanoamérica y en Venezuela una de las manifestaciones más importantes a la vez que de creación literaria, del pensamiento y de la cultura nacional.

 

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EL ENSAYO EN VENEZUELA


Las luchas independentistas traen nuevas preocupaciones ideológicas y políticas, las cuales por supuesto se convierten en el tema fundamental de la literatura latinoamerericana a partir de 18l0, y el ensayo por su idiosincracia reflexiva y concientizadora es el texto más idóneo para expresar los conflixtos y las preocupaciones de este momento histórico tan convulso. Se levantan voces que hablan de la tolerancia religiosa, de los derechos individuales, de la libertad intelectual y la sociedad igualitaria y republicana. El espíritu de la Ilustración se muestra en todo su alcance ya que circulaban -aún cuando en forma clandestina- libros de orientación moderna: la Encyclopédie, obras de Bacon, Descartes, Copérnico, Gassendi, Boyle, Leibniz, Locke, Condillac, Buffon, Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Lavoisier, Laplace. Pertenece a este momento nuestros precursores, en primer lugar el Libertador Simón Bolívar (1783-1830) no sólo por sus proclamas y correspondencia, sino también por su sentido de lo estético que está reflejado en algunos textos que le pertenecendon. Muy leídas son las cartas y escritos de don Francisco de Miranda (1750-1816). Igualmente Simón Rodríguez, el maestro del Libertador (1771-1854) lo podemos incorporar dentro de los pioneros del género junto a Andrés Bello (1781-1865) por sus escritos sumamente reflexivos. Estos son los precursores de los escritores, pensadores y más específicamente, ensayistas que buscaban la emancipación mental. Ya que con la independencia no sólo se quiso cancelar el gobierno colonial sino que estos hombres se esforzaron por expresar una nueva ideología. Casi todos ellos son hombres de pensamiento y de acción, fecundos y enormemente influyentes.

Esta generación de la independencia  produce en Venezuela desde 1830 al igual que en el resto del continente una literatura de combate. Abarca, desde el punto de vista literario, toda la época de auge y fin del romanticismo y disolución del clasicismo. Alcanza un destino estelar con nombres -como vimos- que van desde Simón Rodríguez y Simón Bolívar ("vastas resonancias de maestro profeta y discípulo genial", como los llama respectivamente Lezama Lima), hasta el clásico pero moderno Andrés Bello. No debemos dejar de mencionar en este período a los destacados Arístides Rojas, Fermín Toro, Juan Vicente González, José María Baralt y Cecilio Acosta. Es el tiempo de los gobiernos de José Antonio Páez, los hemanos Monagas, la guerra federal y Antonio Guzmán Blanco. Llega también a la presidencia un hombre distinto, distinguido y universitario, el Dr. José María Vargas, primer rector de nuestra Universidad Central de Venezuela.

 

El escenario, en efecto sirve para la transfiguración histórica y muestra el desafío de una literatura que se sumerge en el humus de la guerra, donde en esa transición (desde el punto de vista cultural) del barroco al romanticismo de fines del siglo XVIII y principios del XIX se sorprende con rasgos ya de raigambre muy americana, que sin romper la tradición hispánica, abre un nuevo camino a la reflexión y expresión de los problemas más candentes del momento. Es importante aclarar que estos personajes aún no están conscientes de la categoría de ensayo, y expresan sus ideas en un texto que algunos llaman "proto-ensayo", y que en alguna medida se emprenta todavía con el tratado, el artículo, la epístola y la oratoria. Pero a la vez se van a convertir en los primeros enlances entre la reflexión y la historia literaria de Venezuela.

 

Y dentro de ese proceso que arranca del siglo pasado, el género del ensayo se va a consolidar "como forma de expresión de un grupo homogéneo y literariamente organizado" (José Ramón Medina, 50 años de literatura venezolana, p.186) con los escritores que integraron la primera generación positivista: José Gil Fortoul, Lisandro Alvarado, César Zumeta. Luis Razetti, Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya, Samuel Darío Maldonado, por citar a los más destacados.

 

Todos ellos diversificaron su interés investigativo por temas típicamente positivistas: la historia natural, la biología, la antropología, la sociología, economía, política, filosofía y el derecho y la historia. Y como lo señala José Ramón Medina, el positivismo, esa nueva ciencia que penetra con evidente retardo en los estudios universitarios de Venezuela, significa un saludable impacto para la cultura general venezolana. Sobre todo la historia, la sociología, la filosofía y la crítica literaria (aún no deslindada del ensayo, confusión que aún hoy se da en algunos escritores) entran en el mundo del ensayo dentro de una nueva concepción que utiliza un método de investigación novedoso entre los intelectuales venezolanos. Este método también va a repercutir sobre el campo literario con el modernismo. La novela y el cuento se van a mover entre el campo de la experimentación tesista (que pretende demostrar algo, lo que llamaríamos novela-tesis) pero que a la vez crea un discurso preciosista de giros y aires no tan pausados que irrumpen en todos los campos de la literatura. Pero sobre todo va a ser el ensayo la expresión donde, tanto el positivismo como el modernismo encontrarán su justo y verdadero cauce de búsqueda conceptual de identidad nacional.

 

El ensayo de esta época une su destino a dos aspectos de gran interés y que darán forma a la expresión ensayítica de principios del siglo XX: por un lado la influencia que va a tener en los escritores venezolanos la generación del 98 español, sobre todo a través de los ensayistas Ortega y Gasset, Unamuno y Azorín, y por el otro el planteamiento de América como problema. Con respecto a este segunto aspecto, la indagación inquietante de la cultura, la historia y finalmente identidad propia es una búsqueda que oscila entre la esperanza y un desventurado pesimismo. El pesimismo nos viene de lo que llama el poeta cubano Lezama Lima el complejo de inferioridad, "creer que su expresión (expresión americana) no es forma alcanzada, sino problematismo, cosa a resolver", ("Mitos y cansancio clásico", en La expresión americana, p.27). Se va estructurando un cuadro nacional que se imbrica con los nombres de Rodó, Mariátegui, Vasconcelos, Alfonso Reyes y Pedro Henrìquez Ureña entre otros.

 

Así tenemos, entre los primeros a José Gil Fortoul (1862-1941), quien aborda la investigación sociológica para hacer una interpretación positivista de la historia venezolana. Testimonio reflejado sobre todo en su libro El hombre y la historia. Es importante destacar que Gil Fortoul también hizo una importante labor como historiador de la literatura venezolana en forma ensayística. Compañero de generación es Lisandro Alvarado, desconcertante por su gran capacidad de abarcar varios terrenos del conocimiento al mismo tiempo.Es el polígrafo de su generación y estuvo atraído por los más dispersos temas y motivos pero a la vez fundamentado en una sólida cultura. Expresó sus ideas en los más variados ensayos, entre los que destacan Los delitos politicos en la Historia de Venezuela y Neurosis del hombres célebres.

 

A Don Rufino Blanco-Fombona ya lo citamos anteriormente, debemos sin embargo agregar que su escritura ensayística fue de gran importancia en el período, no sólo por su capacidad de análisis sino porque en forma profunda trató tanto los temas de la historia como los de la literatura venezolana con especial dedicación, por añadidura no olvidemos que fue el teórico del movimiento modernista con su trabajo El modernismo y los poetas modernistas. Pero sobre todo Blanco-Fombona fue un americanista integral. Amigo de Unamuno, dedicó gran parte de su vida a reestablecer las relaciones entre España y Venezuela como un camino para la identidad nacional. Fue además un entusiasta bolivariano: por todos es conocida su labor de difusión internacional de los valores de nuesrto Libertador. Entre sus textos ensayísticos más importantes tenemosEl espejo de tres fases y La espada de Samuray.

 

Siguiendo el cuadro de esta época tenemos a César Zumeta (1860-1955) quien sobresale en el cultivo de una prosa cuidada, lógica, que busca discutir y precisar los valores filosóficos y estéticos que en su época influyen sobre la literatura venezolana. Otro que busca deslindar las ideas estéticas y filosóficas de su generación es Luis López Méndez (1861-1891), dueño de un estilo envidiable, aun en sus pequeños artículos periodísticos, tal como se revela en los trabajos de su libro Mosaico de Política y Literatura.. Prefiere el ensayo crítico o el examen estético.

 

Polémicos en la indagación sociológica y audaces en la definición histórica del país van a ser los ensayos de Laureano Vallenilla Lanz (1870-1936) y Pedro Manuel Arcaya (1874-1958), en quienes el rigor científico preconizado por el positivismo parece a veces teñido por la pasión o el interés político.

 

También tenemos a Pedro Emilio Coll (1872-1947), Santiago Key Ayala (1874-1959) y Jesús Semprúm (1882-1931). Todos ellos poetas y narradores que unen el preciosismo verbal con la expresión ensayística del período. Dos revistas sirven de vehículos de expresión de estos ensayistas, como en general de toda la obra de índole modernista: El Cojo Ilustrado y Cosmópolis.


Pasemos ahora a la llamada generación del 18, que cubre históricamente un perìodo bastante largo. Se van dando cambios en el género aún cuando éstos no son estructurales. La preocupación del destino de "nuestra América" sigue presente en los escritores de esta nueva generación, pero con un agregado más nacionalista (en el buen sentido de la palabra). "Les duele Venezuela", como lo dijo alguno de ellos y sienten la necesidad de explicar y analizar la crisis socio-política de Venezuela dentro de un contexto latinoamericano. Pero a la vez, entre especulaciones de índole hisórica, política y social se entretejen algunos temas nuevos literarios y culturales que son el producto del estremecimiento estético de estos creadores.

 

En primer lugar mencionaremos a Julio Planchart (1885-1948) y Luis Correa (1888-1942). El primero colaboró en la revista La Alborada con esclarecedores trabajos y muchos de sus ensayos versan sobre los escritores de esa generación. Sus Estudios críticos se inclinan por los temas y problemas de orden literario y estético. Luis Correa con su libro Terra Patrum destaca por su labor de difusión de la tradición literaria venezolana. Enrique Bernardo Núñez (1895-1964) quien además de destacarse como novelista, sorprende por la penetración de sus ensayos históricos y biográficos. Tenemos de él los siguientes títulos: Don Pablos en América, El hombre de la Levita Gris, Juan Francisco de León o la Rebelión contra la Compañía Guipuzcoana, Miranda o el Tema de la libertad, Viaje al país de las máquinas, La ciudad de los techos rojos, Bajo el Samán y Una ojeada al mapa de Venezuela. Igual tendencia histórico-biográfica se observa en Augusto Mijares (1897-1979) con sus textos La interpretación pesimista de la sociología hispanoamericana y Hombres e ideas en América. Su última obra El Libertador, es considerada como un aporte fundamental a la biografía e interpretación de nuestro héroe.

 

Otro ensayista que dedicó la mayor parte de su vida a estudiar los aspectos más sobresalientes de nuestros orígenes, evolución, destino y transformación como nacionalidad, fue Mario Briceño Iragorry (1897-1958). Sus biografías responden a ese mismo espíritu que buscó siempre asentar en la tradición y en la gesta histórica del pueblo venezolano su más firme expediente para el progreso, tal como lo afirma José Ramón Medina. La crítica literaria ha tenido igualmente en Rafael Angarita Arvelo (1898-1971) un consecuente y esforzado estudioso. Su historia y crítica de la novela en Venezuela es una contribución al juicio y valoración de ese género en Venezuela.

 

Entre los últimos de ese período, por ubicación cronológica, también ha de mencionarse a José Nucete Sardi (1897-1972), quien ha cumplido en el campo de la historiografía nacional una importante labor con temas de literatura y arte, de igual modo en el constante y atractivo género de la biografía. Algunas de sus obras ensayísticas más destacadas son: El escritor y civilizador Simón Bolívar, Cuadernos de Indagación e impolítica, Notas sobre la pintura y la escultura en Venezuela y Huellas en América.

 

Arturo Uslar Pietri, quien recientemente cumplió noventa años, cuenta con amplia audiencia dentro y fuera del país. También novelista de primer orden, en el campo del ensayo es muy importante su producción y abarca tanto lo literario como lo histórico, lo político y lo económico, lo cual lo revela plenamente como una de las personalidades más destacadas de la cultura actual. Tenemos así: Letras y Hombres de Venezuela, De una a otra Venezuela, Apuntes para retratos, La ciudad de nadie y Las Nubes.

 

Insertamos aguí el nombre de Luis Beltrán Guerrero (1914), quien mantiene siempre vivo la pluma para escribir sus impresiones y reflexiones americanistas, estéticas, vivenciales, poéticas literarias recogidas en la infinita serie de Candideces, que aún hoy día se continúan.

 

Este cuadro cubre los primeros cincuenta años del siglo XX, que cerramos -convencionalmente- con la importantísima figura de Mariano Picón Salas (1901- 1965). Sin dejar de incursionar brillantemente en otros géneros, como el de la biografía o la novela, Picón Salas es sobre todo considerado como ensayista. Penetrante en la mejor línea de la cultura contemporánea, es, sin discusión, nuestro máximo ensayista del período. Como lo señala Ricardo Latcham al prólogo de sus Ensayos escogidos, "pocas mentes continentales encierran una potencia esclarecedora como la de Picón Salas...", y sigue "En sus novelas y ensayos, en sus crónicas y esquemas interpretativos de la realidad social e histórica, se confunden la seducción del estilo primoroso y la austeridad del pensamiento...su genialidad prolifica en lo eminentemente ensayístico y su ensayismo es producto de una heroica vocación" (p.XXI). Tenemos que mencionar sus ensayos contenidos en Comprensión de Venezuela y Los últimos días de Cipriano Castro. Tanta cultura y tanta madurez ha dejado su semilla, la obra de Picón Salas ha sido revalorizada en forma amplia y profunda por las nuevas generaciones de jóvenes ensayistas que descubren y reconocen en él al padre del ensayo actual. Uno de los últimos y más completos trabajos es el de Simón Alberto Consalvi titulado Profecía de la palabra, vida y obra de Mariano Picón Salas.


Explicar la prolongación en el tiempo actual se ha necesaria, aún cuando sea solamente para señalar ciertas tendencias y algunos nombres De ahí la levedad de una aproximación, la cual hacemos con más preguntas e interrogaciones que con respuestas. Y es que sería una osadía presentar afirmaciones de un momento en el cual aún se están gestanto las obras. Lo inmediato, lo actual no nos permite tener una perspetiva interpretativa o de conjunto que solamente se adquiere con un distanciamiento espacio-temporal.

 

Así pues, si el género del ensayo es el vehículo por excelencia -en Latinoamérica y en Venezuela- para expresar preocupaciones de orden político-social, ¿el ensayo actual expresa tal preocupación o tiende más bien hacia lo personal?, ¿forma parte de la conciencia nacional o se está divorciando de ella?, ¿hay continuidad o cambios estructurales actualmente en el género?...

 

Sobre todo podemos hablar de cierta continuidad de va de los años 70 hasta la actualidad (hubo un pequeño paréntesis entre los 50 y 60). Sorprendemos igualmente al ensayista de hoy preocupado -como antes y como siempre- de la vida nacional. Nunca ha habido divorcio en nuestros países entre el artista y la vida. Vida y arte articulados en la médula de cultura. Se han podido notar algunos cambios: de un pensamiento americanista de fines del siglo XIX a principios del XX a uno más nacional de mediados de siglo, y finalmente al actual que va de lo personal para dirigirse inexorablemente a lo político-nacional. Conocerse para conocer, como en una extraordinaria espiral se da un proceso de adentro hacia afuera. Son -como siempre-tiempos de concientización, es la hora de los balances, ahí la proliferación de creadores que se dedican al ensayo y a la investigación literaria.

 

La lista se hace necesaria, pero con el peligro de cualquier selección. Empezamos con Juan Liscano, preocupado por la cultura, la identidad nacional y la espiritualidad, que expresa sobre todo en su libro ensayístico de 1977 Espiritualidad y literatura: una relación tormentosa. Guillermo Sucre y Rafael Cadenas, profesores de Universidad Central de Venezuela destacan por su importante labor de ensayistas. Del primero es reconocido su libro La máscara, la transparencia (1975) y del segundo, poeta sobre todo, sus obras Literatura y vida (1972), Realidad y literatura (1979) y el más reciente de 1983 titulado Anotaciones. En todos ellos, muy poéticos, el artista es también el hombre que siente al país dentro de sí mismo. El sensible José Balza, es uno de los más reconocidos de las nuevas generaciones de creadores venezolanos, con gran sentido del enfoque estético debemos mencionar Lectura transitoria (sobre Rafael Cadenas),, El fiero (y dulce instinto terrestre) y los Ensayos invisibles que muestra a través de un texto poético-ensayístico sus preferencias por la música, el bolero, Alfredo Sadel...

 

En el tema de la historia, que es una constante en la ensayística nacional de todos los tiempos, destaca Manuel Caballero desde una perspectiva política de actualidad. Filósofos y ensayistas son Juan Nuño y Ludovico Silva. No debemos dejar de mencionar a Armando Rojas Guardia, Francisco Rivera, Oscar Rodríguez Ortiz, Miguel Angel Campos, Domingo Miliani, Eugenio Montejo...


Al concluir con estos nombres el recorrido hecho, ha sido para mostrar el esplendor del ensayo y su importancia en nuestra inquietante historia cultural, que necesariamente se expresa a través de este género literario. Además responde a la necesidad de germinar una expresión auténticamente propia, original. Tierra americana donde nace una extraordinaria flor ensayística a través de escritores que son los legitimadores de nuestro pensamiento más original. Pensamiento que busca afanosamente la corroboración de nuestra identidad e independencia cultural.

 

ACTIVIDAD:

En breves lineas emite un juicio valorativo sobre la trascendencia del Ensayo en la historia, cultura y vida del venezolano. 

 

Por Lic. Susana Sanabria
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