LITERATURA: Canon y Corpus

Publicado en por Lic. Susana Sanabria

…el mundo es una enorme biblioteca. Los libros se aluden unos a otros: se invocan, se refutan, se amplían, tienden entre sí puentes invisibles, hay pasadizos que comunican los libros de tu casa con los que tu amante o tu enemigo tienen en las suyas, y también hay pasadizos en el tiempo que unen nuestros libros con los que tuvieron
y frecuentaron Goethe o Galdós. […] Los libros, todos juntos, parecen formar un único libro infinito, como quería Borges (Luis Landero, Entre líneas).

 

El concepto de canonliteratura.jpg

 

 

El término “canon”, de origen griego, remite al concepto de “vara o norma”. Dentro del sistema literario, el concepto de canon subraya la existencia de un modelo o una proporción ideal al momento de considerar las obras literarias. Esa suma, el llamado canon literario es, en términos amplios, el total de obras escritas y orales que aún hoy subsiste. Sin embargo, ese canon potencial se ve limitado desde un primer momento por la posibilidad de acceder o no acceder a ciertas obras. Entonces, podemos afirmar que todo canon es sólo una parte de una quimérica totalidad literaria.

Es importante señalar que esa colección de obras puede ser diversa y que, al mismo tiempo, conviven en una misma época distintos cánones: canon oficial, canon accesible, canon personal, canon escolar, canon crítico, etc.

¿Qué o quiénes han realizado esas selecciones?
¿Cuáles son los criterios que han intervenido a la hora de realizar, en distintos períodos históricos esos recortes?

 

La crónica dice que la primera vez que se usó esa calificación para textos escritos se refería al ámbito religioso. Allí, en el siglo IV se definió qué obras pertenecían al canon bíblico cristiano. Esta acción tuvo un doble efecto: exhibió el lugarde poder que ejercía la institución que tomó esta decisión, la Iglesia romana, y, a su vez, legitimó su autoridad. Algo similar sucede con los literarios. Si hablamos del canon oficial, aquel que representa a toda una sociedad, debemos decir que las instituciones que lo originan son de distintos ámbitos, como el político, el educativo, el periodístico, el  académico, etcétera. No sucede lo mismo, por ejemplo, con el canon crítico. Allí intervienen diversas formas, pero sólo del campo intelectual. Mientras que en el canon accesible actúan tanto el mercado de comercialización de los libros como las bibliotecas públicas y especializadas. A su vez, cada uno de esos cánones está vinculado a su contexto  histórico.

A esta inserción de lo circunstancial le debemos sumar otras variables que funcionan como criterio. Veamos, por ejemplo, el tópico de género literario. Durante la segunda mitad del siglo XIX europeo la novela ocupó un lugar central en la confirmación de la tradición narrativa burguesa , en tanto que, en el mismo momento, en Estados Unidos, el cuento era la forma narrativa que crecía por antonomasia. A tal punto es así, que existían ya en esa época canales de publicación como revistas especializadas sólo en cuento moderno, tal como lo había descripto Edgar Allan Poe. Por contraste, el género central de siglo XVIII, durante el romanticismo alemán e inglés, había sido la poesía. Es que la centralidad de un género, del mismo modo que otros criterios en la configuración de un canon, se cruza con una serie de variables que conectan el gusto con visiones del mundo, de ideologías, de nación y de clase social.

 

LA FORMACIÓN DEL CANON

Como legado de nuestra cultura y valores o como antología de textos elevados a la categoría de clásicos, el canon está ineludiblemente vinculado al sistema escolar y a la práctica docente.

Para aclarar el concepto de canon y explicar su formación, Pozuelo (1995) recurre a la teoría de la semiosfera desarrollada por Iuri Lotman y la Escuela de Tartu. El objeto de investigación de estos autores es la semiótica de la cultura, es decir, el funcionamiento de la lengua en el contexto general de la cultura. Trabajan, por tanto, con textos, pero no desde la perspectiva linguocentrista de Jakobson, sino partiendo de la idea del pluralismo de los códigos culturales: para Lotman, el texto es autosuficiente en la medida en que en sí mismo constituye un universo semántico, sin embargo está siempre incluido en una cultura y forma parte de ella. La cultura se entiende, por tanto, no como un mero conjunto de textos, sino como un mecanismo con capacidad para organizarlos. La identidad de una comunidad se extrae precisamente de esos textos y de una realidad extratextual que no es sino algo derivado del propio discurso. Ahora bien, las fronteras de la cultura no son líneas nítidas y claramente delimitadas: toda cultura cobra significado por lo que es, pero también por lo que no es, todas las culturas opuestas a ella que en un constante diálogo la estructuran, transforman e incluso le otorgan su mismidad. Gracias a estas relaciones, la cultura de una sociedad dada adquiere su identidad, digamos que por oposición, y es capaz de interpretar sus códigos. Cuantas más relaciones exteriores se mantengan, y tanto más variadas sean, tanto más rica será una cultura (Lotman, 2005):

La definición misma de cultura reclama a la de canon como elenco de textos por los cuales una cultura se autopropone como espacio interno, con un orden limitado y delimitado frente al externo, del que sin duda precisa (Pozuelo apud Sullà, 1998, p. 226).

Esto hace que dentro de una sociedad nos encontremos con elementos y discursos canonizados en continua dialéctica con otros textos no canonizados que luchan por integrarse dentro del sistema. Lotman habla de un centro y una periferia; las estructuras externas al modelo establecido se sitúan al otro lado de la frontera, fuera de ese centro, y son denominadas «no-estructuras», «no-textos» y en definitiva «no-cultura». Estos integrantes de la periferia permiten definir una cultura, el canon o la identidad de una comunidad: «no hay centro sin periferia y el dominio de la cultura, su propia constitución interna, precisa de lo externo a ella para definirse», y de hecho los elementos de la periferia terminan en muchas ocasiones integrándose en el centro y transformando por ello la cultura (Pozuelo apud Sullà, 1998, p. 225).

Las reflexiones aportadas por Pozuelo a partir de la teoría de la semiosfera de Lotman nos conducen a dos conclusiones. Por un lado, de sus afirmaciones se deduce que todo canon es «histórico» y «positivo», así debemos entender el canon como un proceso en marcha, vinculado al devenir histórico y, por lo tanto, inestable, versátil y cambiante. Si a ello le sumamos la variabilidad del concepto de literatura a lo largo del tiempo y la dificultad de trazar sus fronteras, entenderemos mejor que no puede concebirse el canon como algo estático. Por ejemplo, el canon medieval integraba obras que hoy distan mucho de estar incluidas en el ámbito de lo literario: las crónicas de Indias son leídas actualmente como literatura y no como un documento social.

Por otro lado, la comparación entre la formación del canon y el funcionamiento de los sistemas semióticos revela que se trata de procesos en continua creación, pero también que para la constitución de este canon siempre se han tenido en cuenta los valores y las ideologías de su cultura, determinantes en la selección de las obras y autores que finalmente lo compondrán. Los valores y principios imperantes en una época hacen que nos decantemos por unas obras y no por otras en la configuración de una Historia de la Literatura. La concepción, hoy desterrada y vilipendiada (por las influencias románticas), de la creación literaria como imitatio ha consagrado como clásicos a autores como Berceo, Garcilaso o gran parte de la nómina que configura el Clasicismo francés o español.

Podemos concluir pues que no se puede hablar de un canon único sino de una superposición de sistemas que se complementan, sustituyen y transforman.

Si trasladamos estas reflexiones al terreno de la enseñanza, el peligro, en opinión de Walter Mignolo, reside en confundir los aspectos vocacionales con los epistémicos en la formación del canon:

A nivel vocacional, un canon literario debería verse en el contexto académico (¿qué debería enseñarse y por qué?). A nivel epistémico, la formación del canon debería analizarse en el contexto de los programas de investigación, como un fenómeno que debe ser descrito y explicado (¿cómo se forman y transforman los cánones?, ¿qué grupos o clases sociales se representan mediante el canon?, ¿qué esconde el canon?, etc.) […] Mientras que en la mayoría de las ciencias humanas enseñar significa, básicamente, enseñar el canon epistémico, con los estudios literarios […] se enseña el canon vocacional. […] [D]eberíamos llegar a la conclusión de que lo que hacen los profesores de literatura es enseñar a leer. En este punto enseñar una habilidad (como leer) se aleja de leer un conjunto de textos seleccionados por sus valores estéticos, étnicos o tradicionales (qué leer) (apud Sullà, 1998, pp. 245 y 250).

Mignolo traslada esta visión a la forma que tienen de constituirse los cánones en lo que denominamos tercer mundo, y precisa que mientras en el mundo occidental el canon se erige como objeto de debate, en estas otras literaturas ha actuado como elemento de cohesión de las comunidades humanas, tanto si se concibe como un conjunto de valores o se entiende como un conjunto de relatos. Frente a los que solicitan del mundo occidental una integración de la periferia en el centro, Mignolo reclama que esta literatura que hemos dado en situar en la periferia bien puede constituir en sí misma un centro. Todo parte de la pregunta de «¿Quién enseña el canon de quién?», y de la observación de que aquellos que reclaman la integración de textos no occidentales en el canon lo hacen desde una perspectiva vocacional y se olvidan de que existen tantos cánones como comunidades. Nada adelantamos con ir ganando terreno para incluir con una cuña relatos pertenecientes a esas otras culturas que consideramos marginales o periféricas. Mignolo recurre a un ejemplo clarificador: el Popol Vuh, que parece haberse ganado un sitio y un reconocimiento en los programas de estudios occidentales, «no tiene, para un estudioso de la literatura hispanoamericana, los mismos valores canónicos que tiene para la comunidad quiché» (ibid., p. 265):

Para evitar la tentación de proyectar valores del «primer mundo» sobre la literatura del tercer mundo, así como para evitar disminuir los criterios del «tercer mundo» comparándolos con los del primer mundo, necesitamos descripciones epistémicas de la literatura que puedan distinguirse de las definiciones vocacionales (ibid., p. 247).

La cuestión radica en que con respecto al canon literario nos comportamos al mismo tiempo como creyentes y como estudiosos. Como creyentes, necesitamos vernos reflejados en un canon que contenga nuestras tradiciones, valores, ideología y lo que la crítica literaria, las instituciones o el propio devenir histórico han considerado nuestros clásicos. Con este punto de vista nos situamos en un nivel vocacional que percibe el canon como la forma que una comunidad tiene de legitimarse y definir su territorio, reforzando o renovando su tradición. Como académicos o estudiosos nuestros esfuerzos deberían ir encaminados a estudiar cómo se configura un canon y a explicar en qué consisten esas transformaciones y, por otro lado, tratar de evitar una universalización de nuestros valores estéticos o modelos. En definitiva, la formación del canon plantea el problema de la universalidad o el regionalismo en la literatura, por lo que Mignolo, recurriendo también a Lotman, considera que:

…comprender las prácticas discursivas y las interacciones semióticas como sistemas autoorganizados más allá de las fronteras culturales sería una forma de evitar enseñar cánones literarios regionales como si fueran universales (ibid., p. 268).

Resulta cuando menos complicado no caer en la práctica de la que nos advierte Mignolo, especialmente en una época como la nuestra en la que la maquinaria occidental, sin haber dejado atrás los procesos colonizadores, y con una mal entendida globalización de los espacios y culturas, no deja de mirar por encima del hombro a esas culturas marginales y periféricas que luchan por encuadrarse en nuestros departamentos universitarios, hacerse un lugar en la sección cultural de nuestras revistas y periódicos o colgarse el galardón de algún premio literario, creyendo que con ello conquistarán un espacio de representatividad y reconocimiento en la sociedad actual, más allá de lo literario.

 

El Canon Occidental:  es un término que se refiere a un corpus de obras de arte (entendiendo como  Corpus, un conjunto, normalmente muy amplio, de ejemplos reales de uso de una lengua. Estos ejemplos pueden ser textos (típicamente), o muestras orales (normalmente transcritas) que han jugado un papel influyente en la formación de la Cultura Occidental. Ya sea por su calidad, su originalidad, o por ciertos rasgos formales y temáticos, dichas obras han trascendido en la historia y en la cultura occidental, sin perder vigencia. Usualmente se asocia con las obras clásicas.

El corpus de obras puede ser literarias, musicales o artísticas. Dependiendo del criterio del autor y la época donde se enuncia, el corpus del canon varía. La selección de un canon es importante para la teoría del perennialismo educativo y el desarrollo de la alta cultura. En todo caso, el canon de grandes obras occidentales no puede considerarse como único ni como una lista cerrada; de hecho, el mundo occidental comprende múltiples tradiciones literarias en diferentes idiomas, de manera que la elaboración de cualquier lista suele estar influida por la propia capacidad de los que la elaboran para juzgar la valía o relevancia de cada obra u autor.

 

En suma, el canon occidental es el conjunto de las obras literarias que son consideradas clásicas, esto es, imprescindibles y dignas de admiración, comentario y lectura en todo tiempo, para la literatura universal en Occidente. Las obras y autores canónicos de la cultura occidental, sus dos pilares principales, que han suministrado la mayoría de sus mitos, historias y leyendas, son fundamentalmente Homero y la Biblia, y después Platón, Aristóteles, Esquilo, Sófocles y Eurípides, Plutarco, Virgilio, Cicerón, Horacio, Ovidio, Marcial, Dante, Cervantes, Shakespeare, Voltaire, Kant, Rousseau, Goethe, Walt Whitman, Edgar Allan Poe, Franz Kafka, Fedor Dostoievski, James Joyce, Marcel Proust, Fernando Pessoa, Samuel Beckett, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez...

 

En España el canon fue formado principalmente en el siglo XIX por medio de los programas de enseñanza media y de la obra de críticos como Pedro Estala, Antonio Gil y Zárate, Marcelino Menéndez Pelayo, Ramón Menéndez Pidal y Fernando Lázaro Carreter.

 

Las obras que comúnmente se incluyen en el Canon incluyen aquéllas de ficción tales como poesía épica, poesía, música, drama, novelas y otras formas literarias de las diversas occidentales (y más recientemente no occidentales). Muchas obras de no-ficción también están listadas, primariamente de las áreas de religión, ciencia, filosofía, economía, política e historia.

 

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Maiyira Guanchez 12/03/2010 15:26


El canon tiene infinidades de conceptos o simplemente que existen distintos cánones, podría decir que en la literatura es una lista breve pero muy selecta de lo que se suelen llamar las obras
clásicas, esas que se siguen leyendo con interés desde hace siglos, aunque en apariencia las veamos muy antiguas o incluso anticuadas.
No solo en la literatura el canon es importante, en toda asigntura es utilizado, ya que en muchas ocasiones es recomendable usar esas obras antiguas, aunque para muchos sea tedioso, debemos
reconocer que contienen una excelente calidad de contenido.

Por otro lado vemos la definición de Canon como algo histórico y positivo, o simplemente procesos en contínua cración.

El Corpus se define como un conjunto de ejemplos reales de uso de una lengua.

Podemos nombrar tres tipos de corpus: obras literarias, obras musicales, obras artísticas.


Dayana Sanchez C.I:17.032.521 12/01/2010 02:27


CANON:es una lista breve pero muy selecta de lo que se suelen llamar las obras clásicas, esas que se siguen leyendo con interés desde hace siglos, aunque en apariencia las veamos muy antiguas o
incluso anticuadas.

CORPUS:es un conjunto, normalmente muy amplio, de ejemplos reales de uso de una lengua. Estos ejemplos pueden ser textos (típicamente), o muestras orales (normalmente transcritas).


filomena ramirez 11/29/2010 21:55


Definición canon
El término “canon”, de origen griego, remite al concepto de vara o norma. Dentro del sistema literario, el concepto de canon subraya la existencia de un modelo o una proporción ideal al momento de
considerar las obras literarias. Esa suma, el llamado canon literario es, en términos amplios, el total de obras escritas y orales que aún hoy subsiste. Sin embargo, ese canon potencial se ve
limitado desde un primer momento por la posibilidad de acceder o no acceder a ciertas obras. Entonces, podemos afirmar que todo canon es sólo una parte de una quimérica totalidad literaria.
Corpus:
Es una institución jurídica que busca evitar las denticiones arbitrarias y que garantiza la libertad personal del individuo

filomena ramirez
20.181.684


Berna Gonzalez G-01 11/29/2010 02:21


Como legado de nuestra cultura y valores o como antología de textos elevados a la categoría de clásicos, el canon está ineludiblemente vinculado al sistema escolar y a la práctica docente. Por ello
quizá debe salir cuanto antes del terreno de la discusión para ayudarnos a entender las nociones de tradición y clásico, los límites de la Historia de la Literatura, su evolución, sus cambios y su
aplicación y docencia en las aulas


Hecmir Pérez C.I 13.548.023 11/29/2010 02:13


Canon: Es una recopilación de las obras mas importante, contenida en un solo texto, es de origen griego que significa regla modelo dentro de un sistema literario.

Corpus: Es un conjunto normalmente amplio de ejemplos reales de uso de una lengua estos ejemplo pueden ser texto o muestra orales.Se llama lingüística de corpus a la subdisciplina de la lingüística
que estudia la lengua a través de estas muestras. Este tipo de aproximación choca con el enfoque chomskiano que tiende a estudiar la lengua a través de la intuición lingüística del hablante.